Eduardo Bonnín

Nació en Palma de Mallorca, España, el 4 de mayo de 1917, hijo de entre 10 hermanos (3 varones y 7 mujeres), de Fernando Bonnín Piña y Mercedes Aguiló Forteza, en el seno de una familia católica dedicada al comercio y a la exportación de granos y frutos secos.

Eduardo cursó sus estudios con los padres Agustinos y en el Colegio La Salle de Palma. Se educó dentro un ambiente de fe católica profunda y de forma aislada de la educación burguesa liberal de ese tiempo, en contacto prácticamente tan sólo con su familia y los ambientes rurales de la isla. Quienes le trataban por entonces le recuerdan como como un joven adolescente de gran inquietud cultural y religiosa, brillante en su comunicación con los demás - a pesar de su aparente timidez - y dotado de un gran sentido del humor.

El año de 1937 fue decisivo en la vida de Eduardo: la prestación del servicio militar. Lejos del hogar, simultáneamente entrataron en su vida dos fuentes de conocimiento contrapuestas: la realidad, a través del contacto directo con el hombre profano del batallón; y el idealismo, a través de los libros que leía. Hasta ese momento el mundo de su familia había creado en él a un cristiano singular que había asumido la fe por una vía más pura que la de las escuelas católicas. Pero entonces topó de frente con un mundo de hombres sobre los que se preguntó: ¿Será que les pesa la ley o que ignoran la doctrina?

Por suerte, en plena Guerra Civil, sus pies planos lo obligaron a quedarse en una oficina en lugar de ir al frente, por lo que tuvo tiempo de confrontar las ideas que leía con las miserias humanas que había en su entorno. Fueron largos años que lo llevaron a descubrir que el hombre normal que lo rodeaba en el cuartel, pese a vivir en ambientes descristianizados y claramente hostiles a la religión, conservaba sin embargo, intactos, una serie de valores y comportamientos más cristianos que los que tenían aquellos que se las daban de muy católicos.

En 1940, un discurso del Papa Pio XII, dirigido a los párrocos y cuaresmeros, hizo mella en Eduardo: "Hay que formarse con ágil mirada un cuadro claro y minucioso, por un lado, de la población fiel y señaladamente de los miembros más elegidos para promover la Acción Católica; y por otro, de los grupos que se han alejado de la vida cristiana, también éstas son ovejas pertencientes a la parroquia, ovejas descarriadas, y también de éstas y aún de ellas particularmente, sois guardianes responsables".

La lectura de este discurso, llevó a Eduardo, a hacer un análisis más profundo y sistemático del ambiente, y plasmarlo en un escrito que denominó Estudio del Ambiente. Lo esencial de este estudio es la identificación entre ambientes y relaciones interpersonales, la clara constatación de que el hombre se mueve más por ambientes que por estructuras, y la profunda convicción de que hace falta un profundo conocimiento del ambiente propio para transformarlo de veras.

En 1943, Bonnín participó en uno de los Cursillos de Jefes de Peregrino, organizados en toda España por la Acción Católica con el objetivo de hacer una peregrinación con 100 mil jóvenes en gracia a Santiago de Compostela.

La forma de retiro en que se hacían estos cursillos y todas las ideas que había reflexionado a través del tiempo, inspiró en Eduardo todo un método con esencia y finalidad propias, para hacer realidad el actual Cursillo de Cristiandad el 19 de agosto de 1944 en un chalet (pequeña casa de campo) de Cala Figuera de Santanyí en la isla de Mallorca, España.

A partir de ese momento nació este hermoso movimiento que se ha expandido por los 5 continentes, y donde Eduardo Bonnín ha sido muchas veces excluído o minimizado, y en otras, reconocida su labor como el legítimo fundador de Cursillos de Cristiandad.

Actualmente son muchos los lugares donde se está intentando rescatar la esencia del movimiento a través del pensamiento de Eduardo Bonnín y de organismos internacionales como el OMCC (Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad) que actualmente tiene su sede en Australia y que hasta hace poco presidió nuestro buen amigo Juan Ruíz de Estados Unidos, quien con su dedicación y un corazón lleno del Señor, ha realizado una magnífica labor en el movimiento y en la Iglesia.

El 6 de febrero de 2008, Eduardo Bonnín, a la edad de 90 años, llegó a su 5o. Día, para reunirse con el Señor por toda la eternidad. Este fue un acontecimiento que nos conmovió a muchos cursillistas en todo el mundo, quienes sabemos que ahora la Iglesia ha ganado un santo más en el cielo. Y tal como se dijo en aquel día: "Hoy hay ultreya celestial, y Eduardo tiene el Rollo", sabemos que desde ahí el seguirá velando por todos nosotros.


Los Cursillos de Peregrino >